La venida de Jason Upton, sumado a las enseñanzas de Sai y Nanette Mudiam, nos dejó algo especial. Creo que después de la semana profética que pasamos, la lluvia que experimentamos (que fue física tanto como espiritual) dejó paso a una claridad y a una luz reveladora.
Es triste que el mensaje de que sólo se trata de Jesús, sea tan revolucionario. Como Iglesia, hemos hecho complejas muchas cosas que en realidad son muy simples. Hemos predicado teología y complejizado los mensajes. Todo mensaje que no tiene a Jesús como centro, no es un mensaje de vida. No es cristocéntrico. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el hijo del hombre sea levantado. Y todo el que ponga los ojos en El, el autor y consumador de nuestra fé, será sano, tanto física como espiritualmente.
De hecho, Jesús usualmente contaba historias simples, en tanto que hablaba en parábolas. Y los que estaban perdidos lo entendían, mientras que los religiosos de la época lo aborrecían. Y lo mismo es cierto hoy. El verdadero mensaje de Jesús genera persecución, aún dentro de la propia Iglesia. Nos comportamos como el hermano del hijo pródigo.
Jason Upton nos compartía la simplicidad del mensaje de Jesús. El hijo del hombre, que vino a servir y no a ser servido, dió vuelta el sistema del mundo. Y nos dio un evangelio de abnegación, no de autorrealizacíón. Un evangelio donde los últimos serán los primeros. Donde los que realmente sirven a los demás, son los que tienen verdadera autoridad espiritual, que proviene de Dios.
Esta lluvia de revelación temprana (que estuvo en la Iglesia Primitiva), ahora es tardía, y está cambiando la forma en que vemos el mundo.
En el Evangelio de Juan, la Palabra dice que los hombres amaron más la oscuridad que la luz. Cuando eramos chicos, nos gustaba la luz. Pero cuando crecimos, aprendimos a amar la oscuridad, como forma de cubrir nuestras faltas y secretos. Pero Jesús es luz para el mundo. El mismo es el Espíritu de la Profecía, y vino a traer luz y transparencia, para que podamos confesarnos nuestros pecados los unos a los otros, como dice la Palabra, y ser limpiados por su sangre, por medio del Espíritu Santo.
El enemigo, solo puede actuar en la oscuridad. El tiene tantas puertas a tu vida, como secretos tengas. Deja que la luz de Jesús te permita exponer tus faltas frente a tus hermanos, y sacale al adversario toda posibilidad de operar con autoridad en tu vida.
Que Dios te bendiga y te guarde.
Felipe, María y Juan

1 comments:
Qué grande Felipe!! Impresionante testimonio!! Que todos vean lo que Dios hizo en vos y María. (Hch.10:15)
Un abrazo de sus amigos Valeria y Eduardo :)
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