miércoles 26 de mayo de 2010

Nuestro corazón: El Arca del Nuevo Pacto

Hola a todos,

Luego de haber celebrado el Pentecostés la semana pasada, estamos hoy más convencidos que nunca de la necesidad de una revelación profunda en la iglesia sobre lo que significa ser templos del Espíritu Santo. Dios ha prometido hacer tabernáculo en nosotros.

Tenemos que finalmente tener la certeza en nuestros corazones (el rhema) de que el Espíritu de Dios, el Espíritu de la Profecía, que es Jesús mismo, vive dentro de nosotros los creyentes nacidos de nuevo, en contacto con nuestro ser espiritual. A eso se refería Jesús cuando hablaba de un templo que reconstruiría al tercer día:

"Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré."(Juan 2:19 )

Cuando nacimos de nuevo, el nos ha reconciliado con el Padre al revestirnos de Su justicia, y ha levantado su templo en tí y en mí.

Y ese es el verdadero milagro. La paradoja de que un Dios omnipotente y omnipresente mora en nosotros, es uno de los misterios más tremendos que Dios nos ha dejado. Y esa paradoja se resuelve por el hecho de que el Padre ha unido los cielos con la tierra en Jesús el Mesías, el Verbo hecho carne, Dios hecho hombre. Como dice la Palabra en Efesios 1:9-10, el nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Y esta es la revelación: el lugar en que esa unión se da somos nosotros mismos, es nuestro interior. Ya no un templo físico. Ya no debemos ir a buscarlo a un lugar geográfico, sino que podemos ser concientes 24 horas por día de que Jesús vive en mí. No hay nada que El no vea, y no hay nada que El no pueda solucionar.

La forma en que se da esto en nosotros, es por medio de la operación del Espíritu Santo. Y de nuestro interior, como dice la escritura, han de correr ríos de agua viva (y el que beba de esa agua, no tendrá sed jamás). Debemos ser una fuente de ríos de sanidad para nuestros prójimos.

Esa presencia de Dios en nuestro interior, es nuestra esperanza de Gloria que debe manifestarse en frutos de justicia, en vidas transformadas, dado que toda la creación espera ardientemente la manifestación de los hijos de Dios gimiendo con un gemido estridente, un gemido de terremoto, a causa del pecado.

El arca del pacto que estaba en el tabernáculo de Moisés representa en forma física lo que hoy es nuestro corazón, nuestro espíritu. Hoy tenemos en nuestro interior un arca espiritual: el arca del nuevo pacto. Esta arca tiene los mismos elementos pero en forma espiritual: las tablas de la ley rociadas con la sangre del cordero que le dan vida a esa ley que Dios ha escrito en nuestros corazones. Tiene también el maná del cielo que es la palabra de Dios grabada a fuego que nos permite gobernar como reyes con autoridad delegada, y tiene la vara de Aaarón reverdecida por el Espíritu Santo, que revela nuestra identidad como sacerdotes y produce frutos del Espíritu Santo.

El Mesías viene pronto, y debemos estar preparados. Viene a buscar a una esposa sin mancha. Necesitamos un nuevo corazón, como pedía David. No un corazón viejo mejorado, sino un nuevo corazón. Necesitamos cirugía cardíaca, una verdadera operación del Espíritu Santo. Un odre nuevo que sea capaz de llevar el vino nuevo. Un corazón de carne que sea capaz de tener compasión por nuestro hermano que está pasando necesidad.

"Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, Y sobre su corazón las escribiré; Y seré a ellos por Dios, Y ellos me serán a mí por pueblo; Y ninguno enseñará a su prójimo, Ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; Porque todos me conocerán, Desde el menor hasta el mayor de ellos." Hebreos 8:10-11 (Reina-Valera 1960)

Y esta es la vida eterna, que lo conozcamos a El.


Jesús viene pronto y tenemos que estar preparados.