Por David Wilkerson
Hermanos y hermanas, ésta es la GENERACION TIBIA. Usted no necesita ser un teólogo para comprender que hemos llegado a la era de Laodicea de la cual Jesús profetizó que surgiría en los últimos días. Simplemente compare lo que Jesús dijo acerca de la iglesia tibia de Laodicea con la que hoy en día es llamada la Iglesia de Jesucristo. Jesús advierte que es mejor que el que tiene oídos oiga lo que el Espíritu Santo está diciendo acerca de este sistema religioso.
Jesús claramente advirtió que una iglesia evolucionaría en los últimos días de esta civilización, la cual se jactaría de ser rica, creciente, aumentando en miembros, y autosuficiente, en otras palabras, una iglesia con gran influencia, adquiriendo reconocimiento y poder, y la cual rechazaría toda corrección o escrutinio.
Jesús dijo de esta iglesia, “Tú dices… yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad…” (Ap. 3:17). Cuán triste es que esta iglesia en particular, arrogante y jactanciosa, sea anunciada por cristianos con poco discernimiento como la gloriosa iglesia de poder y dominio de los últimos días y que controlará el mundo haciendo que Jesús regrese como Rey. ¡Esta es la mentira de Laodicea! Un alma querida escribió lo siguiente, “¿No se da cuenta, señor, que nuestro siguiente presidente será un hombre lleno del Espíritu y que habla en lenguas? ¿No sabe usted que todos estos proyectos de construcción de grandes edificios por evangelistas, son ordenados por Dios? El Señor está entrenando líderes, desarrollando grandes proyectos para que ellos se puedan colocar en posiciones en el gobierno, habiendo aprendido todo acerca de altos financiamientos y construcción. La iglesia va a tomar posesión del gobierno, líderes llenos del Espíritu van a hacer las leyes, quitando aborto, pornografía y crimen. Dios ha levantado una iglesia poderosa para tomar el dominio ahora”.
El elemento principal del concepto de “El Reino de Dios sobre la tierra” es aquél de una regla perfectamente justa, abarcando a todas las naciones; bajo este gobierno cesarán toda injusticia, opresión y lucha, los males de la pobreza no serán más conocidos, y todos los hombres habitarán en paz y prosperarán como hermanos.
Lo que me alarma es que muchos fundamentalistas ahora están compartiendo ideas similares tipo Pollyanna acerca de la función de la iglesia americana moderna. Me parece que se están jactando demasiado, “¡Hemos llegado! Tenemos de treinta a cuarenta millones de evangélicos. Tenemos líderes simpáticos, populares y con mucha facilidad de palabra. Tenemos el dinero, la capacidad, la experiencia y un número creciente de miembros que se unirán a nosotros, ¡tomemos el dominio!”.
He oído a pastores de grandes iglesias carismáticas jactarse, “Voy a construir la iglesia más grande de América, pues números significan poder, influencia. Debemos tener una iglesia lo suficientemente grande y poderosa para que pueda aplicar con fuerza la moralidad y la voluntad de Dios en nuestra nación y en nuestras comunidades”. ¡Así es de descarada y orgullosa!
Esta iglesia orgullosa, rica y arrogante ahora codicia poder. No el poder de Dios, sino el poder político. Ambiciona la Casa Blanca, el Congreso y la Suprema Corte. Puesto que hemos fracasado en traer un avivamiento de arrepentimiento semejante al de Jonás y un cambio en los corazones de los hombres; tomaremos, según algunos, los reinos del gobierno y legislaremos justicia.
Suena tan piadoso, tan espiritual y vital. Así como Israel, muchos del pueblo de Dios están clamando por un púlpito Imperial, con un líder espiritual quien desarraigará los fuertes poderes del mal y establecerá un nuevo sistema moral. El dedo acusador de la voz profética y el atalaya gimiente están para ser reemplazados por la refinada pluma de congresistas cristianos decretando leyes morales.
AUNQUE USTED NO LO CREA, ESTA ES LA IGLESIA QUE DIOS VA A VOMITAR DE SU BOCA
Dios no está impresionado en lo más mínimo con esta iglesia que se estima y se valora a sí misma. La iglesia tibia de Laodicea no está destinada a dominar, ni a tener poder o autoridad de ninguna clase. ¡Está destinada a juicio! La peor clase de ceguera espiritual es alinearse con aquéllos que presumen que la iglesia americana moderna, carismática u otra, se enfrenta a su mejor época. Qué falta tan increíble de discernimiento espiritual. Yo, por mi parte, debo alinearme con lo que Jesús dijo de la iglesia de los últimos días.
Jesús arranca la máscara y expone la verdad acerca de la iglesia de Laodicea. No es lo que piensa que es, no es lo que dice que es. No es rica sino ¡pobre!, no va en aumento, sino estrechándose y a punto de ser cortada para siempre. No es fuerte y sin necesidad de nada, sino ¡está desnuda y avergonzada! ¡No es una iglesia con nueva revelación y conocimiento profundo de las Escrituras, Jesús dijo que ESTA CIEGA! No va a ser el vehículo del dominio de Cristo sobre la tierra, sino más bien el objeto de su ira y aborrecimiento.
LA IGLESIA DE DIOS ES UN REMANENTE TRIUNFANTE, DESPRECIADO Y PERSEGUIDO
Usted puede estar seguro de que Dios tiene su pueblo en estos días finales, pero son un remanente despreciado, santo y separado. Estas personas santas del remanente caminan en la luz y disfrutan de gran discernimiento espiritual. Ellos ven la moderna iglesia de Laodicea a través de los ojos de Jesús y no van a ser engañados por el esplendor, grandeza o pompa de la religión popular. La verdadera iglesia es invisible; existe en ella un gran arrepentimiento; clama por el regreso de Cristo, el Amado.
La verdadera iglesia no puede disfrutar del favor y buena voluntad del mundo. ¿Creemos y temblamos ante la Palabra de Dios o no? ¿Cuándo vamos a voltear a ver lo que Jesús dijo que les esperaba a los que se negaban a sí mismos, tomaban su cruz y le seguían? Jesús dijo, “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Jn. 15:18-21).
Hablando de lo que les pasará a los santos en los últimos días, Jesús dijo, “Os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre” (Lc. 21:12).
Jesús continuó advirtiéndoles que serían entregados, y “… matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre” (Lc. 21:16-17).
Pablo declara enfáticamente, “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Tim. 3:12).
Es absolutamente imposible para la iglesia verdadera, o cualquiera de sus líderes, ser aprobados o aceptados por el mundo. Un hombre piadoso, una iglesia piadosa serán perseguidos y malditos por el mundo, por sus reyes y sus gobernantes. Jesús no va a permitir ninguna excepción a esta regla, ya que advirtió, “¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas” (Lc. 6:26).
¡Ay de esta iglesia de Laodicea y sus aspiraciones políticas! Si el mundo los acepta, sólo puede ser el resultado de quitar la afrenta de la cruz. Por casi dos mil años la iglesia de Jesucristo ha sido rechazada y perseguida por el mundo. La sangre de millones de mártires rechazados clama desde la tierra. Por siglos, hombres y mujeres de Dios guiados por el Espíritu han sido quemados en la hoguera, aserrados, perseguidos y cazados como animales. Santos piadosos fueron decapitados; otros fueron ahogados; muchos fueron arrojados a los leones. La Biblia dice que conforme a la fe murieron todos estos y que el mundo no era digno de ellos. ¿Tengo ahora que creer que Jesús ha cambiado de parecer y ha decidido cerrar las edades con una iglesia tibia, rica, mimada, jactanciosa, egocéntrica? ¿Acaso el último ejército de Dios estará formado por promotores políticos en busca de votos? ¿Acaso los ganadores de almas serán reemplazados por solicitantes yendo a las carreteras y a los caminos buscando firmas para alguna causa social?
¡LA GRAN PREOCUPACION DE DIOS ES PARA CON LA IGLESIA QUE SE DICE SER BAUTIZADA POR EL ESPIRITU!
Hace mucho tiempo que la iglesia muerta, fría y liberal se ha abandonado a sus caminos pecaminosos -no es la principal preocupación de Dios en estos últimos días-. Hay denominaciones completas que se han vuelto paganas, el Espíritu de Dios las dejó hace muchos años. Pero el enfoque de Dios está, tanto en las iglesias evangélicas y carismáticas, en los compañerismos y ministerios organizados como en los no organizados. Del cuerpo de creyentes carismáticos es de donde ha salido toda la predicación de la prosperidad. Aquéllos que se dicen ser bautizados y guiados por el Espíritu Santo, son los que continúan diciendo, “Dios te quiere rico, lleno de bienes y autosuficiente en todas las cosas”. Es de este cuerpo de creyentes carismáticos que las nuevas doctrinas del dominio de la tierra han nacido.
He sido un predicador carismático por más de 30 años y puedo decir con Pablo, “Hablo en lenguas más que todos vosotros”. Pero me aflijo por las seducciones y falsas doctrinas que están ahora barriendo con tantos creyentes carismáticos faltos de discernimiento. Multitudes de ellos están siendo engañados, acribillados, estafados y arrastrados por doctrinas de demonios.
Lo que Dios lamenta es LA MEZCLA siendo introducida en círculos carismáticos. Mezcla es sinónimo de tibieza. Usted encuentra esta mezcla dondequiera que voltee en estos días. Asista a un, así llamado, concierto de rock cristiano por ejemplo. Qué mezcla tan increíble. Casi siempre empiezan diciendo, “Estamos aquí sólo para ministrar a Jesús; solamente, para glorificarlo”. Escuchará una dulce plática acerca de santidad, arrepentimiento y de renunciar a todo por Jesús. Luego, de repente el espíritu de Elvis Presley parece que cae sobre ellos y son transformados enfrente de sus ojos en rockeros apasionados, sin vergüenza, muy movidos y joviales. Antes de que el evento termine, los oirá jactarse, “Vamos a llevar a Jesús a donde la iglesia nunca va. ¡Dentro de bares, conciertos seculares, televisión! Estamos orando para que Dios nos dé oído del mundo. Queremos llegar a la misma multitud del mundo”.
Si voy a creer lo que Jesús dijo -van a ser estampados tomates sobre ellos y van a ser espantados y corridos del escenario por esa gentuza del mundo- eso es, si realmente ministraron en el Espíritu. Entre más canten por Jesús, más serán odiados y despreciados. Cantantes del evangelio que están siendo alabados y aceptados por el mundo, han perdido la presencia de Jesús -precisamente la propia causa del rechazo-. El evangelio de Jesucristo es una ofensa al judío y locura al gentil.
LA MENTIRA DE LAODICEA INCLUYE RECHAZO AL REPENTINO E INMINENTE REGRESO DE CRISTO
¿Puede usted creer lo que están predicando ahora? Ellos están diciendo, “Jesús no puede venir, sino hasta que dominemos el mundo. No puede venir hasta que tomemos el dominio y lo traigamos de regreso a un mundo al cual hemos traído a sumisión”. Se burlan de un repentino e inminente regreso de Cristo.
Jesús dice que un “siervo malo” es el que dice en su corazón, “Mi Señor tarda en venir” (Mt. 24:48).
Este tipo de enseñanza es el resultado directo del decaimiento espiritual, tibieza y cansancio de cargar la cruz. Cuando el amor por Jesús está encendido, hay un anhelo de su pronto regreso, un deseo ardiente “¡de estar con El, de contemplar su gloria!”. Pero ahora, como el pecado abunda, el amor de muchos está congelado; el sacrificio de uno mismo y la negación de sí mismo son repudiados; y la iglesia corre en busca del honor y el poder de este mundo.
Ahora se mofan en la idea de que los creyentes serán “transformados en un abrir y cerrar de ojos” (1 Co. 15:51-52). Han colocado la venida del Señor en un futuro remoto y su principal preocupación no es lo que Cristo está haciendo, sino lo que la iglesia está haciendo. El interés actual no es interno, sino externo -alcanzar más miembros, crecer en influencia y establecer un reino terrenal-.
Jesús dijo, “He aquí yo vengo pronto” (Ap. 22:12). Pablo escribió, “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche… Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón” (1 Tes. 5:2-4). Pedro también confirmó el regreso repentino del Señor: “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (2 Pe. 3:10).
Jesús le advirtió a la iglesia de Sardis que fueran vigilantes y expectantes -y que se arrepintieran o serían tomados por sorpresa-. “Guárdalo y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Ap. 3:1-3).
¿Por qué debe cualquier cristiano y estar alerta si la venida de Cristo ha sido pospuesta para alguna hora lejana? Vamos a creer en predicadores modernos y tibios, o vamos a descansar nuestra fe en lo que Jesús dijo, “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mt. 24:44). Jesús nos advirtió , “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora” (Mt. 25:13). Esa es la manera en la que cristianos apostólicos del Nuevo Testamento vivían en el primer siglo. Compartían el deseo intenso de Pablo de “partir y estar con el Señor”. Estaban ocupados haciendo la obra del Señor, trabajando y obedeciendo sus mandamientos; pero así como Abraham, buscaban una ciudad cuyo constructor y creador es Dios.
Los predicadores de la doctrina del reino y del dominio espiritualizan todo lo que tenga que ver con el pronto regreso de Cristo. ¿Pero cómo se espiritualiza este mandamiento de Jesús tan práctico: “Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo. Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Mc. 13:35-37)?
La corona de justicia que el juez dará en aquel día está reservada sólo para “LOS QUE AMAN SU VENIDA” (2 Tim. 4:8). Yo le pregunto a usted, ¿anticipa su pronto regreso?, ¿lo anhela?, ¿su regreso por sus escogidos es todavía su esperanza? Lo era para Pablo quien escribió, “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).
Las últimas palabras de Jesús en la Biblia son: ciertamente vengo en breve (Ap. 22:20). El Espíritu y la Esposa dicen: “Ven” (Ap. 22:17). ¿Qué es lo que dice usted? ¿Quién cree usted que está poniendo dudas en la mente de la novia acerca del regreso de su Amado? ¿Quién es ese que busca tener su mente atada con cosas del mundo, enfocada no en la gloria de Cristo, sino en su propio dominio y lugar en este mundo? ¿Quién haría a la novia sentirse como viuda desamparada, abandonada por su novio porque todavía no está lista y dominante? Ciertamente no el Espíritu Santo, porque el espíritu clama, “¡Sí, Señor Jesús, ven pronto!”.
¿Acaso el Señor ha mandado a su iglesia a que posponga su venida y mientras establecer un reino terrenal de justicia, o nos ha mandado a poner aceite en nuestras lámparas, despertar y alistarnos en cualquier momento para su regreso? ¡Deje de que la Palabra conteste eso! “Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran enseguida” (Lc. 12:35-36). Luego Cristo añadió estas palabras: “Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando” (Lc. 12:37). ¿Para qué velar, para qué estar alertas, para qué ceñir los lomos, para qué estar listos, para qué buscarlo, si la venida de Cristo está pospuesta al futuro remoto, esperando las acciones militantes de la iglesia?
El Señor sabía lo que pasaría con la iglesia cuando fue dicho: “El Señor retarda su venida”. Habría negligencia; habría gente comiendo y bebiendo, borrachera, no habría una urgencia de prepararse. “Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzara a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y embriagarse, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes…” (Lc. 12:45-47).
Tal ignorancia de su condición espiritual real es posible para la iglesia sólo cuando el Espíritu Santo ha sido contristado y su voz silenciada. Si el espíritu de Dios no puede hablar, ellos fomentan sus propios engaños y jactanciosos cuando los juicios de Dios están a punto de estallar.
Gracias a Dios, hay un remanente santificado, separado, escuchando la voz del Espíritu Santo, y no pueden ser engañados o atrapados desprevenidamente. Son los atalayas que han detectado los desvíos del enemigo; son valientes para exponer las enmascaradas doctrinas de demonios. Aquéllos que oyen lo que el Espíritu está diciendo, saben lo que el Señor está a punto de hacer. Ven la tormenta formándose, oyen el trueno avecinándose, saben que Dios ya está juzgando Su casa y Su nación en particular.
La iglesia de Laodicea se ha elegido a sí misma, sin ninguna guianza del Espíritu Santo, no para alumbrar al mundo, sino para dominarlo. Se ha convertido en la maestra de mentiras más grande del universo. Está confiada en su propia fuerza y sabiduría, mezclando al mismo tiempo falsas doctrinas con la verdad del evangelio. Ha decidido derribar la gran distinción que Cristo estableció entre la iglesia y el mundo.
DEBEMOS AFERRARNOS AL CONCEPTO APOSTOLICO DEL REINO DE CRISTO
Los apóstoles vieron en la persona sobrenatural del rey una sombra de la grandeza y gloria de su reino (2 Pe. 1:16). Como el Hijo de Dios encarnado, y teniendo toda potestad en el cielo y en la tierra, su reino sobre la tierra no podía compararse con otros reinos terrenales. Su símbolo era la Santa Ciudad, que descendería desde el cielo proveniente de Dios. Y, como el Rey era un hombre que había resucitado de los muertos y llegado a ser inmortal, así podía ser el gobernante perfecto de parte de Dios a través de todas las edades, así serán también todos aquéllos que le ayudarán en la administración de su gobierno. Sus reyes y sacerdotes deben ser hechos semejantes a Él; solamente bajo este tipo de gobierno celestial podrá establecerse un orden social perfecto, y todas las naciones habitarán en paz bajo Su reinado.
Los apóstoles siempre distinguieron claramente entre la acción sacerdotal actual del Señor en el cielo que comenzó con su ascensión, y su futura función como Rey aquí en la tierra. Él ha ido al Padre para ser el gran Sumo Sacerdote, siempre intercediendo en el Lugar Santísimo. Cuando esta obra de intercesión sea terminada, y la iglesia, Su cuerpo, sea reunido y perfeccionado, entonces y sólo entonces vendrá para sentarse sobre el trono de su gloria y así comenzar Su obra como Juez y Rey (Mt. 25:31). En el momento de su ascensión, fue investido de toda autoridad; sin embargo, la ejecución presente de ella es providencial e invisible. Ahora mismo, Su autoridad es suprema, aunque el mundo todavía no lo conoce ni lo reconoce como Rey. La esfera de Su gobierno visible está actualmente en la iglesia misma, donde Su voluntad es dada a conocer por el Espíritu al escoger a Sus ministros, y a Su completa administración. No hasta que Él regrese y tome el reino, Su gobierno sobre las naciones es revelado, y todos los gobernantes humanos lo reconocen a Él como la fuente de Su autoridad. Entonces, Él “toma para Sí mismo gran poder, y reina”. Hasta ese tiempo, la iglesia deberá estar en el mundo, así como Él lo estuvo, Sus derechos divinos no han sido reconocidos, sino rechazados y expuestos a la enemistad y reproche. La iglesia no puede reinar con Él, hasta que Él venga a establecer Su reino.
Ese es el concepto apostólico del reino de Cristo. Esto difiere en gran manera con aquéllos que enseñan que Cristo comisionó a la iglesia para que administrara el reino en su ausencia, y traer a todas las naciones a su obediencia, para traerlo de regreso como rey a un mundo en el que todos los enemigos ya están puestos debajo de sus pies. Ellos enseñan que Cristo puede regresar, sólo hasta que todas las naciones crean en Él, y justicia y paz llenen la tierra. Esto es un alejamiento radical de lo que los apóstoles enseñaron. Roma desarrolló totalmente esta doctrina de dominio, siglos atrás. Fue formulado por Agustín en su “Ciudad de Dios”. Entonces la iglesia empezó a reclamar que habían de gobernar a favor de Cristo en su ausencia. Llevaron la enseñanza hasta su lógica conclusión, asegurando la absoluta supremacía de su obispo -el Papa-.
Cuando el primer amor se enfría y el regreso del Señor está retrasado indefinidamente, los de Laodicea se cansan de cargar la cruz y empiezan a preguntar, “¿No son estas palabras descorazonadoras del Señor y los apóstoles, limitadas a sus propios días?” ¿Acaso ha de continuar esta hostilidad del mundo hacia la iglesia hasta el final? ¿Cómo puede ser esto conforme a Su misión divina y a Su evangelio de amor? ¿Acaso Él no ha dicho que el evangelio debe ser la levadura fermentando la comida, y como la semilla de mostaza convirtiéndose en un árbol? ¿Acaso Él no ha dicho que “todo el poder es ahora mío”? ¿No se llama a Sí mismo “El Príncipe de los reyes de la tierra”? ¿No debe el hombre fuerte, Satanás, ser atado antes de que nosotros podamos saquear sus bienes?” Y cuando en el cuarto siglo, Constantino, el emperador romano, se convirtió en un creyente y el cristianismo tenía el poder imperial tras él, llegó a ser casi la creencia universal que el día de sufrimiento y persecusión había pasado. De todas las bases cristianas se levantó un clamor de júbilo, “Satanás está atado; el día de triunfo ha llegado; Cristo está reinando a través de Su iglesia”. Ahora las profecías pueden venir a su cumplimiento: “Todas las naciones vendrán a Su luz, y los reyes al resplandor de Su nacimiento”. ¡Qué engaño resultó ser!
¡LOS DE LAODICEA NO RECONOCEN A SATANÁS COMO DIOS DE ESTE MUNDO!
Existe una negación práctica del poder de Satanás como “el príncipe de este mundo”. Ellos no pueden negar su existencia, ya que ha sido muy claramente testificado por el Señor y sus apóstoles. Tampoco pueden decir que su poder ha sido destruido y que ya no es temible. Pablo lo llamó “el dios de este mundo” (2 Co. 4:4), y Juan dijo, “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). En Apocalipsis 12:3, aparece bajo el símbolo del dragón, como el enemigo activo de Dios y de su Cristo, y esto durará hasta la derrota del anticristo, hasta que él sea atado (Ap. 19:20). Pero a pesar de todas estas declaraciones claras y el reconocimiento continuo de varias formas de actividad satánica en individuos, los de Laodicea ahora dicen, “Satanás ya no reina; está atado; no puede ofrecer oposición efectiva alguna a nuestra unidad o a nuestra actividad misionera ni va a impedir que nosotros establezcamos el reino”. Hay muy poco acuerdo en lo que respecta al tiempo en que fue atado. Ellos argumentan, “¿Cómo puede establecerse el reino de Dios mientras Satanás y sus ángeles todavía tienen su poder en la tierra?”.
Al creer que ya no están expuestos a los ataques de este sutil y poderoso adversario, no ven una necesidad de estar alertas en forma especial. Estando el hombre fuerte atado, la iglesia puede apoderarse de los bienes de éste; estando expulsado de la tierra, la iglesia ahora puede tomar posesión de ella. ¡Qué perversión tan sutil de la verdad!
lunes 26 de julio de 2010
¿Quién mató a Jesús?
por John MacArthur
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
--Isaías 53:4-6
En la cruz Jesús no estaba sufriendo por sus propios pecados. Él fue afligido por nuestro pecado. Fue abatido por nuestras transgresiones. Fue herido por nuestras rebeliones. Molido por nuestros pecados. El profeta Isaías puso eso en claro siglos antes de que Jesús muriera.
¿Quién mató a Jesús? La gente sigue debatiendo si fueron más culpables los judíos o los romanos. Otros dicen que todos somos culpables, ya que Él murió por nuestros pecados. Pero Isaías dice algo estremecedor: que Jesucristo fue azotado, herido y abatido por Dios. Fue Dios quien puso todos nuestros pecados sobre Jesucristo.
¿Por qué Dios? Porque Dios es el juez del mundo entero. Solo Él tiene la sabiduría para determinar el castigo apropiado para nuestro pecado y Dios dio ese castigo a su Hijo. Eso no quiere decir que Dios sea un Padre cruel y sádico; significa que es un Padre compasivo y misericordioso que hizo todo lo que pudo por perdonarnos nuestro pecado. Ningún sacrificio habría sido suficiente para el pecado del mundo entero. Ningún sacrificio habría sido moralmente perfecto, un Cordero sin mancha. Para Dios llevar a cabo su justo juicio sobre nuestro pecado y también perdonarnos, se hizo un perfecto sacrificio humano. El Padre envío a su único Hijo para que muriera en nuestro lugar.
La única manera de tener paz con Dios era que Jesucristo fuera castigado por Dios aunque era inocente. Por sus azotes, esas heridas provocadas por la flagelación, somos sanados espiritualmente. Gracias a que Él sufrió, somos justificados ante Dios. Isaías dice que todos necesitábamos ser justificados ante Dios. Todos éramos como ovejas errabundas que se habían descarriado. Todos habíamos seguido nuestra propia senda de pecado pero el Señor tomó toda nuestra iniquidad y la puso sobre Jesucristo. Esa es la asombrosa realidad de lo que Jesucristo, el Hijo e Dios, hizo como sustituto por los pecadores. El inmaculado se ofreció a sí mismo por los pecadores. Todos hemos pecado pero para cada uno de nosotros que confía en Jesucristo ya ha sido pagado ese pecado.
Cuando ponemos la confianza en Cristo, su muerte se aplica a nosotros. Nuestros pecados son cubiertos para siempre y recibimos su justicia como un regalo. Esa gran verdad hace que nos regocijemos plenamente, y a que lo que Dios hizo en la cruz nos salva de la condenación eterna y nos da eterna paz con Dios.
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
--Isaías 53:4-6
En la cruz Jesús no estaba sufriendo por sus propios pecados. Él fue afligido por nuestro pecado. Fue abatido por nuestras transgresiones. Fue herido por nuestras rebeliones. Molido por nuestros pecados. El profeta Isaías puso eso en claro siglos antes de que Jesús muriera.
¿Quién mató a Jesús? La gente sigue debatiendo si fueron más culpables los judíos o los romanos. Otros dicen que todos somos culpables, ya que Él murió por nuestros pecados. Pero Isaías dice algo estremecedor: que Jesucristo fue azotado, herido y abatido por Dios. Fue Dios quien puso todos nuestros pecados sobre Jesucristo.
¿Por qué Dios? Porque Dios es el juez del mundo entero. Solo Él tiene la sabiduría para determinar el castigo apropiado para nuestro pecado y Dios dio ese castigo a su Hijo. Eso no quiere decir que Dios sea un Padre cruel y sádico; significa que es un Padre compasivo y misericordioso que hizo todo lo que pudo por perdonarnos nuestro pecado. Ningún sacrificio habría sido suficiente para el pecado del mundo entero. Ningún sacrificio habría sido moralmente perfecto, un Cordero sin mancha. Para Dios llevar a cabo su justo juicio sobre nuestro pecado y también perdonarnos, se hizo un perfecto sacrificio humano. El Padre envío a su único Hijo para que muriera en nuestro lugar.
La única manera de tener paz con Dios era que Jesucristo fuera castigado por Dios aunque era inocente. Por sus azotes, esas heridas provocadas por la flagelación, somos sanados espiritualmente. Gracias a que Él sufrió, somos justificados ante Dios. Isaías dice que todos necesitábamos ser justificados ante Dios. Todos éramos como ovejas errabundas que se habían descarriado. Todos habíamos seguido nuestra propia senda de pecado pero el Señor tomó toda nuestra iniquidad y la puso sobre Jesucristo. Esa es la asombrosa realidad de lo que Jesucristo, el Hijo e Dios, hizo como sustituto por los pecadores. El inmaculado se ofreció a sí mismo por los pecadores. Todos hemos pecado pero para cada uno de nosotros que confía en Jesucristo ya ha sido pagado ese pecado.
Cuando ponemos la confianza en Cristo, su muerte se aplica a nosotros. Nuestros pecados son cubiertos para siempre y recibimos su justicia como un regalo. Esa gran verdad hace que nos regocijemos plenamente, y a que lo que Dios hizo en la cruz nos salva de la condenación eterna y nos da eterna paz con Dios.
viernes 16 de julio de 2010
EL PODER ESCONDIDO EN EL NOMBRE DE JESÚS
SOMOS FAMILIA
Por David Wilkerson
Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo.
Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente:
Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre.
Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.
Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.
Hoy día, todos los que creen en Jesús están vestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo.
¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).
Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que
todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición, a través de Cristo.
Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder simplemente pronunciándola. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos.
El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo, y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.
Por David Wilkerson
Reclamar el poder que está en el nombre de Cristo, no es una verdad teológica complicada que esté escondida. En mi biblioteca hay libros que han sido escritos específicamente en el tema del nombre de Jesús. Los autores escribieron para ayudar a los creyentes a entender las implicaciones profundas que están escondidas en el nombre de Cristo.
Pero, la mayoría de estos libros son tan “profundos”, que los lectores no los entienden.Yo creo que la verdad que se nos ha dado sobre el nombre de Jesús es tan simple, que un niño puede entenderla. Es simplemente lo siguiente:
Cuando hacemos nuestra petición en el nombre de Jesús, debemos de estar persuadidos que es igual que si Jesús mismo estuviese pidiéndole al Padre.
Usted puede preguntar, ¿Cómo es posible esto? Déjeme explicarle.
Nosotros sabemos que Dios amó a su Hijo. El habló con Jesús y le enseñó mientras estuvo en la tierra. Y Dios no solamente escuchó sino también respondió a cada pedido que su Hijo le hizo. Jesús testificó sobre esto diciendo, “El siempre me escucha.” En otras palabras, el Padre nunca negó a su Hijo ninguna petición.
Hoy día, todos los que creen en Jesús están vestidos del Hijo de Dios. Y el Padre celestial nos recibe tan íntimamente como él recibe a su propio Hijo.
¿Por qué? Es por nuestra unión espiritual con Cristo. A través de su crucifixión y resurrección, Jesús nos ha hecho uno con el Padre. “Para que todos sean uno; como tú oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros…Yo en ellos y tú en mí” (Juan 17:21-23).
Para ponerlo de una manera simple, ahora somos familia – somos uno con el Padre, y uno con el Hijo. Hemos sido adoptados, con todos los derechos de herencia que le pertenecen a un hijo. Esto significa que
todo el poder y todos los recursos del cielo están a nuestra disposición, a través de Cristo.
Orar “en el nombre de Jesús” no es una fórmula. No es una frase que tiene poder simplemente pronunciándola. El poder está en creer que Jesús toma nuestra causa y la lleva al Padre en sus propios méritos.
El es el Abogado – él está haciendo la petición por nosotros. El poder está en confiar plenamente que Dios nunca le niega nada a su propio Hijo, y que somos los beneficiados de la fidelidad total que el Padre tiene con el Hijo.
jueves 15 de julio de 2010
¿OTRO JESUS?
Por Mike Gendron
¿Es el Jesús de la Iglesia Católica el Jesús bíblico? Saber y creer que el verdadero Jesús es fundamental, porque Jesús dijo: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24). Un Jesús diferente es anunciado por muchos engañadores (2 Corintios 11:3-4) que niegan Su obra terminada de redención.
Los mormones predican que Jesús es el hermano de Lucifer y fue un hombre que se convirtió en Dios. Los Testigos de Jehová predican que Jesús no era Dios, sino que afirmó que él era el arcángel Miguel. El catolicismo romano predica a un Jesús que no pudo purgar todo pecado o pagar la pena completa por el pecado.
El Jesús bíblico asegura que los cristianos se han salvado de la condenación. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:9). El sacrificio único, perfecto y suficiente de Jesús completamente satisfizo la ira de Dios (1 Juan 2:2). El Catolicismo niega esta enseñanza fundamental y engaña a su pueblo en la creencia de que el sacrificio de la Misa satisface la ira de Dios no sólo para la los pecados de los vivos, sino también por los pecados de los muertos (Canon 3, Concilio de Trento). Los católicos son maldecidos con anatema por su iglesia si ellos dicen que son salvos de la ira de Dios, (Canon 30, Concilio de Trento). Los Católicos conocen a Jesús sólo como el que “abre la puerta” al cielo. Para que los católicos pasen por las puertas del cielo deben salvarse a sí mismos a través de la Misa y los sacramentos.
El Jesús de la Biblia hace expiación por el pecado. “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:25). Sin embargo, la Iglesia Católica enseña a los católicos que deben expiar sus pecados. “Esto puede hacerse a través de los dolores, las miserias y las pruebas de esta vida y, sobre todo, por la muerte. Por lo demás, la Expiación debe hacerse en la próxima vida a través del fuego y los tormentos de los castigos de purificación” (Concilio Vaticano II).
El Jesús de la Biblia es el único mediador entre Dios y el hombre (I Timoteo 2:15), pero la Iglesia Católica ofrece a María como la mediadora. El Papa Pío IX proclamó que “Dios ha encomendado a María el tesoro de todas las cosas buenas, para que todos sepan que a través de ella se obtienen toda esperanza, toda gracia, y toda la salvación. Porque esta es su voluntad: que obtengamos todo a través de María”.
El Jesús de la Biblia afirmó que El era el único camino al Padre Celestial (Juan 14:6). El Concilio Vaticano II lo niega diciendo, “el plan de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, en primer lugar, entre quienes están los musulmanes.”
Entonces, ¿por qué la Iglesia Católica Romana oculta al verdadero Jesús de sus seguidores?¡Debido a que el verdadero Jesús establece un pueblo libre! En contraste, la Iglesia Católica Romana mantiene el control de su pueblo a través de rituales legalistas, sacramentos y amenazas de Anatema. El Jesús bíblico salva a los creyentes de la esclavitud del pecado, el engaño y la religión.
¿Es el Jesús de la Iglesia Católica el Jesús bíblico? Saber y creer que el verdadero Jesús es fundamental, porque Jesús dijo: “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24). Un Jesús diferente es anunciado por muchos engañadores (2 Corintios 11:3-4) que niegan Su obra terminada de redención.
Los mormones predican que Jesús es el hermano de Lucifer y fue un hombre que se convirtió en Dios. Los Testigos de Jehová predican que Jesús no era Dios, sino que afirmó que él era el arcángel Miguel. El catolicismo romano predica a un Jesús que no pudo purgar todo pecado o pagar la pena completa por el pecado.
El Jesús bíblico asegura que los cristianos se han salvado de la condenación. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:9). El sacrificio único, perfecto y suficiente de Jesús completamente satisfizo la ira de Dios (1 Juan 2:2). El Catolicismo niega esta enseñanza fundamental y engaña a su pueblo en la creencia de que el sacrificio de la Misa satisface la ira de Dios no sólo para la los pecados de los vivos, sino también por los pecados de los muertos (Canon 3, Concilio de Trento). Los católicos son maldecidos con anatema por su iglesia si ellos dicen que son salvos de la ira de Dios, (Canon 30, Concilio de Trento). Los Católicos conocen a Jesús sólo como el que “abre la puerta” al cielo. Para que los católicos pasen por las puertas del cielo deben salvarse a sí mismos a través de la Misa y los sacramentos.
El Jesús de la Biblia hace expiación por el pecado. “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:25). Sin embargo, la Iglesia Católica enseña a los católicos que deben expiar sus pecados. “Esto puede hacerse a través de los dolores, las miserias y las pruebas de esta vida y, sobre todo, por la muerte. Por lo demás, la Expiación debe hacerse en la próxima vida a través del fuego y los tormentos de los castigos de purificación” (Concilio Vaticano II).
El Jesús de la Biblia es el único mediador entre Dios y el hombre (I Timoteo 2:15), pero la Iglesia Católica ofrece a María como la mediadora. El Papa Pío IX proclamó que “Dios ha encomendado a María el tesoro de todas las cosas buenas, para que todos sepan que a través de ella se obtienen toda esperanza, toda gracia, y toda la salvación. Porque esta es su voluntad: que obtengamos todo a través de María”.
El Jesús de la Biblia afirmó que El era el único camino al Padre Celestial (Juan 14:6). El Concilio Vaticano II lo niega diciendo, “el plan de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, en primer lugar, entre quienes están los musulmanes.”
Entonces, ¿por qué la Iglesia Católica Romana oculta al verdadero Jesús de sus seguidores?¡Debido a que el verdadero Jesús establece un pueblo libre! En contraste, la Iglesia Católica Romana mantiene el control de su pueblo a través de rituales legalistas, sacramentos y amenazas de Anatema. El Jesús bíblico salva a los creyentes de la esclavitud del pecado, el engaño y la religión.
miércoles 14 de julio de 2010
LA ORACION QUE SACUDE AL INFIERNO
por David Wilkerson
Cuando el libro de Daniel fue escrito, Israel estaba en cautiverio en Babilonia. Y, por el capitulo seis, después de una larga vida ministerial, Daniel tenía ochenta años. Daniel fue siempre un hombre de oración. Y ahora, en su vejez, no pensaba bajar la guardia. Las Escrituras no mencionan que Daniel se haya agotado o desanimado. Por el contrario, Daniel apenas comenzaba.
La Escritura muestra que aun a sus ochenta años, sus oraciones sacudían al infierno, enfureciendo al diablo.
El rey Darío promovió a Daniel al oficio más alto en toda la nación. Daniel llegó a ser uno de los tres presidentes de igual nivel, quienes regían sobre príncipes y gobernadores de 120 provincias. Darío favoreció a Daniel sobre los otros dos presidentes, poniéndolo a cargo de desarrollar la política de gobierno y de capacitar a todos los miembros del tribunal e intelectuales (Daniel 6:3).
Obviamente, Daniel era un profeta ocupado. Sólo alcanzo a imaginarme los tipos de presión que existían sobre este ministro, con su ocupado horario y reuniones que le absorbían el tiempo. Nada, sin embargo, podía apartar a Daniel de su tiempo de oración; él nunca estaba demasiado ocupado para no orar. La oración seguía siendo su ocupación central, por encima de todas las otras exigencias. Tres veces al día, él se retraía de todas sus obligaciones, cargas y exigencias como líder para pasar tiempo con el Señor. Simplemente de retiraba de todas las actividades y oraba. Y Dios le respondía. Daniel recibía toda su sabiduría, dirección, mensajes y profecías mientras estaba de rodillas. (Daniel 6:10).
Usted se preguntará: ¿Cuál es la oración que sacude al infierno? Viene del siervo diligente y fiel, que ve su nación e iglesia cayendo más y más en pecado. Esta persona cae de rodillas, clamando: “Señor, no quiero aislarme de lo que está sucediendo. Déjame ser un ejemplo de tu poder guardador en medio de este siglo pecaminoso. No importa si nadie más ora, yo voy a orar”.
¿Demasiado ocupado para orar? ¿Dice usted: “Yo simplemente lo recibo por fe”? Quizás piense: “Dios conoce mi corazón; Él sabe cuán ocupado estoy. Yo oro en mi mente a lo largo del día”.Creo que el Señor desea calidad, un tiempo no apresurado a solas con nosotros.
La oración, entonces, se convierte en un acto de amor y devoción, no sólo en un tiempo de petición.
Cuando el libro de Daniel fue escrito, Israel estaba en cautiverio en Babilonia. Y, por el capitulo seis, después de una larga vida ministerial, Daniel tenía ochenta años. Daniel fue siempre un hombre de oración. Y ahora, en su vejez, no pensaba bajar la guardia. Las Escrituras no mencionan que Daniel se haya agotado o desanimado. Por el contrario, Daniel apenas comenzaba.
La Escritura muestra que aun a sus ochenta años, sus oraciones sacudían al infierno, enfureciendo al diablo.
El rey Darío promovió a Daniel al oficio más alto en toda la nación. Daniel llegó a ser uno de los tres presidentes de igual nivel, quienes regían sobre príncipes y gobernadores de 120 provincias. Darío favoreció a Daniel sobre los otros dos presidentes, poniéndolo a cargo de desarrollar la política de gobierno y de capacitar a todos los miembros del tribunal e intelectuales (Daniel 6:3).
Obviamente, Daniel era un profeta ocupado. Sólo alcanzo a imaginarme los tipos de presión que existían sobre este ministro, con su ocupado horario y reuniones que le absorbían el tiempo. Nada, sin embargo, podía apartar a Daniel de su tiempo de oración; él nunca estaba demasiado ocupado para no orar. La oración seguía siendo su ocupación central, por encima de todas las otras exigencias. Tres veces al día, él se retraía de todas sus obligaciones, cargas y exigencias como líder para pasar tiempo con el Señor. Simplemente de retiraba de todas las actividades y oraba. Y Dios le respondía. Daniel recibía toda su sabiduría, dirección, mensajes y profecías mientras estaba de rodillas. (Daniel 6:10).
Usted se preguntará: ¿Cuál es la oración que sacude al infierno? Viene del siervo diligente y fiel, que ve su nación e iglesia cayendo más y más en pecado. Esta persona cae de rodillas, clamando: “Señor, no quiero aislarme de lo que está sucediendo. Déjame ser un ejemplo de tu poder guardador en medio de este siglo pecaminoso. No importa si nadie más ora, yo voy a orar”.
¿Demasiado ocupado para orar? ¿Dice usted: “Yo simplemente lo recibo por fe”? Quizás piense: “Dios conoce mi corazón; Él sabe cuán ocupado estoy. Yo oro en mi mente a lo largo del día”.Creo que el Señor desea calidad, un tiempo no apresurado a solas con nosotros.
La oración, entonces, se convierte en un acto de amor y devoción, no sólo en un tiempo de petición.
martes 13 de julio de 2010
Protesta en el Congreso contra el matrimonio homosexual
Esta foto es reciente, gentileza de Pixel Producciones. Demos Gloria a Dios porque la Iglesia en Argentina está despertándose y levantándose en base a la palabra de Dios.
De este tipo de cosa hablaba Pablo cuando dijo en su epístola a los Romanos (Romanos 1: 22):
Profesando ser sabios, se hicieron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
De este tipo de cosa hablaba Pablo cuando dijo en su epístola a los Romanos (Romanos 1: 22):
Profesando ser sabios, se hicieron necios, cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
Cuánto Me Amo? Permíteme contarte las formas……
Mateo 22:37-40 – Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.
El mundo que nos rodea está enseñando el amor apropio y la autoestima. La autoestima es un aspecto popularizado de la psicología humanista, que se basa en la creencia de que todos nacen buenos y que la sociedad es la culpable. El sistema pone al hombre como la medida de todas las cosas. El énfasis en el ego es exactamente lo que comenzó en el Jardín del Edén, y se ha intensificado mediante la enseñanza humanista del amor propio, la autoestima, auto-realización, auto-aceptación, auto-etcétera. En la promoción de la autoestima, la California Self-Esteem Task Force [Grupo de Trabajo de Autoestima de California] ha sido en gran parte responsable de llevar la ideología humanista y la psicología a los sectores público y privado. (Es interesante notar que a mediados de 1988, el Grupo de Trabajo rindió homenaje a James Dobson, el rey de la autoestima, presentándolo en su boletín informativo. Además, su libro Hide or Seek está en su lista de lectura.)
La influencia de la Comisión sobre la autoestima en California se está extendiendo a todo el país. John Vasconcellos está llamando a una iniciativa nacional sobre la autoestima similar a la que él presentó en California. Vasconcellos ha dejado bien claro que el movimiento de autoestima debería y debe actuar contra lo que considera la enseñanza anticuada de que el hombre es un pecador. Él dice que hay dos puntos de vista de la humanidad en este país: el hombre como un pecador y el hombre como intrínsecamente bueno. Declaró que esta es la cuestión subyacente de los movimientos de autoestima. Debido a que no creen en Jesucristo, los humanistas seculares tiene el ego en el centro de su ser. Podemos ver cómo los que no conocen a Cristo quieren amor, autoestima, y aceptación propia, porque eso es todo lo que tienen. Pero, ¿cuál es la excusa de la Iglesia?
Por debajo de toda la retórica de la auto-referencia está un ataque contra el Evangelio de Jesucristo. No es un ataque frontal a las líneas de batalla claramente visibles. En cambio, es hábilmente subversiva y está verdaderamente trabajando, no en carne y hueso, sino de los principados, poderes, los gobernantes de las tinieblas de este mundo, y las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, así como es delineado por Pablo cerca del final de su carta a los Efesios. Y lo triste es que muchos cristianos no están alertas a los peligros. Más de lo que el número se puede engañar sutilmente a otro evangelio – el evangelio de sí mismo.
Encontramos que mucha de la confusión que ha llegado a la Iglesia a través del uso de la terminología popular del ego. En un extremo, encontramos a gente como Robert Schuller, que parece haber comprado la totalidad de la posición humanista secular en su libro Autoestima: La Nueva Reforma. Schuller aborrece el término pecador y cree que se debe edificar la autoestima de una persona antes de que pueda llegar a conocer a Cristo. El pierde el sentido completo de lo que lleva a una persona a la cruz de Cristo. Por otro lado, hay quienes han tomado la terminología y han sido conscientes de las implicaciones y la confusión que esas palabras llevan. Adoptando y adaptando los conceptos populares de la psicología humanista, cristianos profesantes dicen que tenemos autoestima, amor propio, etc, debido a quienes somos en Cristo, pero la ideología subyacente continua.
Justo el mismo tiempo con el aumento de la influencia y la popularidad de la psicología ha sido el cambio de énfasis en Dios con un énfasis en el ego durante la mayor parte de la Iglesia profesante. De manera muy sutil, el ego ocupa el primer lugar. Y, como el ego ocupa el primer lugar, la actitud de ser un esclavo de Cristo, se sustituye por la actitud de ser un voluntario en conveniencia propia. El amor por los demás se lleva acabo solo si es conveniente.
Con todo este énfasis en el ego, es natural que un cristiano se pregunte si está bien amarse uno mismo. ¿Cómo podría Jesús responder a esa pregunta? Aunque la cuestión del amor propio no es una pregunta capciosa como las formuladas por los escribas y fariseos, es el tipo de pregunta que exige una determinada respuesta de “sí” o “no”. Responder con un “sí” conduce fácilmente a todo tipo de egoísmo. La respuesta “no” provoca una respuesta posible de “Bueno, ¿entonces debemos odiarnos a nosotros mismos?” Jesús no siempre respondió las preguntas de la manera en que sus oyentes esperarían. En su lugar, utilizó la pregunta como una oportunidad para enseñar la verdad. Su énfasis estuvo siempre en el amor de Dios y nuestro amor a Dios y a los demás.
Lingüísticamente, agapao está dirigido a los demás en toda la Escritura, nunca es auto-dirigido. El concepto de amor propio no es el tema del Gran Mandamiento. Es sólo un calificativo. Cuando Jesús nos ordena amar a Dios con “todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30), Él está haciendo hincapié en el todo – que abarca la naturaleza de este amor agapao (una acción de amor que va más allá de la posibilidad del hombre natural, y sólo es posible a través de la gracia divina). Si hubiera utilizado las mismas palabras de amor al prójimo, habría alentado a la idolatría. Sin embargo, para el siguiente grado de intensidad El utilizó las palabras “como a ti mismo”.
Jesús no nos ordena amarnos a nosotros mismos. Él no dijo que había tres mandamientos (amar a Dios, el amor al prójimo, y el amor propio). En cambio, dijo, “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). Amor a sí mismo aquí es un hecho – un hecho – no un mandamiento. No sabemos de ninguna Escritura que nos enseñe que un individuo no se ame ya a sí mismo. Pablo dijo, “Porque no aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la Iglesia” (Ef. 5:29). Los cristianos no fueron exhortados a amarse a sí mismos o a odiarse a si mismos. El amor propio, el odio propio (que es simplemente otra forma de amor propio y egoísmo), y el auto-desprecio (posiblemente un disfraz para culpar a Dios por no dar las posesiones personales más grandes), son las actitudes egocéntricas. Los que se quejan de no amarse a sí mismos en general, no están satisfechos con sus sentimientos, capacidades, circunstancias, etc. Si realmente se odiaran a sí mismos, serían felices de ser miserables. Todos los seres humanos se aman a sí mismos.
De la totalidad de la Escritura, y en el contexto particular de Mateo 22, el amor hacia sí mismo que naturalmente uno tiene, está el mandato de ser dirigido hacia los demás. No se nos ordena amarnos a nosotros mismos. Eso ya lo hacemos. Se nos ordena amar a los demás como ya lo hacemos a nosotros mismos. La historia del Buen Samaritano, que sigue al mandamiento del amor al prójimo, demuestra no sólo quien es nuestro prójimo, sino ¿qué se entiende por la palabra amor? Aquí, amar significa extenderse uno mismo más allá del punto de conveniencia para lograr lo que se considera mejor para el prójimo. La idea es que debemos buscar el bien de los demás justo en la medida en la que buscamos el bien (o lo que puede incluso creer erróneamente que es bueno), para nosotros mismos – tan naturalmente como cuidamos de nuestro propio bienestar personal.
Otra Escritura que es paralela a la misma idea de amar a otros como ya nos amamos a nosotros mismos es el de Lucas 6:31-35, que comienza con “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Evidentemente, Jesús asume que sus oyentes quieren ser tratados con justicia, bondad y misericordia. En otras palabras, querían ser tratados de acuerdo a las expresiones de amor más que por expresiones de indiferencia o animosidad. Jesús pasa luego a aclarar esta clase de amor que contrasta con el amor dado por los pecadores. Él dice: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. … Amad, pues a vuestros enemigos….”
El tipo de amor que Jesús enfatizó era la acción-orientada, y era de esa clase que es desinteresada y no es motivado por obtener rendimientos. Puesto que es natural que la gente preste atención a sus propias necesidades y deseos, Jesús volvió su atención más allá de sí mismos.
Esa clase de amor por los demás es lo primero del amor de Dios, y sólo entonces, respondiendo en el amor incondicional hacia El (con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza). Y, no podemos hacerlo a menos que lo conozcamos a través de Su Hijo. La Biblia dice: “Nosotros le amamos porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). No podemos amar verdaderamente (ágapao,amor orientada a la acción) a Dios sin conocer primero Su amor por gracia, y no podemos amar verdaderamente al prójimo como a uno mismo sin amar a Dios primero. Creemos que la posición bíblica adecuada para un cristiano no es fomentar, justificar o establecer el amor propio, sino de dedicar la vida a amar a Dios y amar al prójimo como [uno ya se ama] al yo.
por Martin y Deidre Bobgan *
El mundo que nos rodea está enseñando el amor apropio y la autoestima. La autoestima es un aspecto popularizado de la psicología humanista, que se basa en la creencia de que todos nacen buenos y que la sociedad es la culpable. El sistema pone al hombre como la medida de todas las cosas. El énfasis en el ego es exactamente lo que comenzó en el Jardín del Edén, y se ha intensificado mediante la enseñanza humanista del amor propio, la autoestima, auto-realización, auto-aceptación, auto-etcétera. En la promoción de la autoestima, la California Self-Esteem Task Force [Grupo de Trabajo de Autoestima de California] ha sido en gran parte responsable de llevar la ideología humanista y la psicología a los sectores público y privado. (Es interesante notar que a mediados de 1988, el Grupo de Trabajo rindió homenaje a James Dobson, el rey de la autoestima, presentándolo en su boletín informativo. Además, su libro Hide or Seek está en su lista de lectura.)
La influencia de la Comisión sobre la autoestima en California se está extendiendo a todo el país. John Vasconcellos está llamando a una iniciativa nacional sobre la autoestima similar a la que él presentó en California. Vasconcellos ha dejado bien claro que el movimiento de autoestima debería y debe actuar contra lo que considera la enseñanza anticuada de que el hombre es un pecador. Él dice que hay dos puntos de vista de la humanidad en este país: el hombre como un pecador y el hombre como intrínsecamente bueno. Declaró que esta es la cuestión subyacente de los movimientos de autoestima. Debido a que no creen en Jesucristo, los humanistas seculares tiene el ego en el centro de su ser. Podemos ver cómo los que no conocen a Cristo quieren amor, autoestima, y aceptación propia, porque eso es todo lo que tienen. Pero, ¿cuál es la excusa de la Iglesia?
Por debajo de toda la retórica de la auto-referencia está un ataque contra el Evangelio de Jesucristo. No es un ataque frontal a las líneas de batalla claramente visibles. En cambio, es hábilmente subversiva y está verdaderamente trabajando, no en carne y hueso, sino de los principados, poderes, los gobernantes de las tinieblas de este mundo, y las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes, así como es delineado por Pablo cerca del final de su carta a los Efesios. Y lo triste es que muchos cristianos no están alertas a los peligros. Más de lo que el número se puede engañar sutilmente a otro evangelio – el evangelio de sí mismo.
Encontramos que mucha de la confusión que ha llegado a la Iglesia a través del uso de la terminología popular del ego. En un extremo, encontramos a gente como Robert Schuller, que parece haber comprado la totalidad de la posición humanista secular en su libro Autoestima: La Nueva Reforma. Schuller aborrece el término pecador y cree que se debe edificar la autoestima de una persona antes de que pueda llegar a conocer a Cristo. El pierde el sentido completo de lo que lleva a una persona a la cruz de Cristo. Por otro lado, hay quienes han tomado la terminología y han sido conscientes de las implicaciones y la confusión que esas palabras llevan. Adoptando y adaptando los conceptos populares de la psicología humanista, cristianos profesantes dicen que tenemos autoestima, amor propio, etc, debido a quienes somos en Cristo, pero la ideología subyacente continua.
Justo el mismo tiempo con el aumento de la influencia y la popularidad de la psicología ha sido el cambio de énfasis en Dios con un énfasis en el ego durante la mayor parte de la Iglesia profesante. De manera muy sutil, el ego ocupa el primer lugar. Y, como el ego ocupa el primer lugar, la actitud de ser un esclavo de Cristo, se sustituye por la actitud de ser un voluntario en conveniencia propia. El amor por los demás se lleva acabo solo si es conveniente.
Con todo este énfasis en el ego, es natural que un cristiano se pregunte si está bien amarse uno mismo. ¿Cómo podría Jesús responder a esa pregunta? Aunque la cuestión del amor propio no es una pregunta capciosa como las formuladas por los escribas y fariseos, es el tipo de pregunta que exige una determinada respuesta de “sí” o “no”. Responder con un “sí” conduce fácilmente a todo tipo de egoísmo. La respuesta “no” provoca una respuesta posible de “Bueno, ¿entonces debemos odiarnos a nosotros mismos?” Jesús no siempre respondió las preguntas de la manera en que sus oyentes esperarían. En su lugar, utilizó la pregunta como una oportunidad para enseñar la verdad. Su énfasis estuvo siempre en el amor de Dios y nuestro amor a Dios y a los demás.
Lingüísticamente, agapao está dirigido a los demás en toda la Escritura, nunca es auto-dirigido. El concepto de amor propio no es el tema del Gran Mandamiento. Es sólo un calificativo. Cuando Jesús nos ordena amar a Dios con “todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Marcos 12:30), Él está haciendo hincapié en el todo – que abarca la naturaleza de este amor agapao (una acción de amor que va más allá de la posibilidad del hombre natural, y sólo es posible a través de la gracia divina). Si hubiera utilizado las mismas palabras de amor al prójimo, habría alentado a la idolatría. Sin embargo, para el siguiente grado de intensidad El utilizó las palabras “como a ti mismo”.
Jesús no nos ordena amarnos a nosotros mismos. Él no dijo que había tres mandamientos (amar a Dios, el amor al prójimo, y el amor propio). En cambio, dijo, “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:40). Amor a sí mismo aquí es un hecho – un hecho – no un mandamiento. No sabemos de ninguna Escritura que nos enseñe que un individuo no se ame ya a sí mismo. Pablo dijo, “Porque no aborreció jamás su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la Iglesia” (Ef. 5:29). Los cristianos no fueron exhortados a amarse a sí mismos o a odiarse a si mismos. El amor propio, el odio propio (que es simplemente otra forma de amor propio y egoísmo), y el auto-desprecio (posiblemente un disfraz para culpar a Dios por no dar las posesiones personales más grandes), son las actitudes egocéntricas. Los que se quejan de no amarse a sí mismos en general, no están satisfechos con sus sentimientos, capacidades, circunstancias, etc. Si realmente se odiaran a sí mismos, serían felices de ser miserables. Todos los seres humanos se aman a sí mismos.
De la totalidad de la Escritura, y en el contexto particular de Mateo 22, el amor hacia sí mismo que naturalmente uno tiene, está el mandato de ser dirigido hacia los demás. No se nos ordena amarnos a nosotros mismos. Eso ya lo hacemos. Se nos ordena amar a los demás como ya lo hacemos a nosotros mismos. La historia del Buen Samaritano, que sigue al mandamiento del amor al prójimo, demuestra no sólo quien es nuestro prójimo, sino ¿qué se entiende por la palabra amor? Aquí, amar significa extenderse uno mismo más allá del punto de conveniencia para lograr lo que se considera mejor para el prójimo. La idea es que debemos buscar el bien de los demás justo en la medida en la que buscamos el bien (o lo que puede incluso creer erróneamente que es bueno), para nosotros mismos – tan naturalmente como cuidamos de nuestro propio bienestar personal.
Otra Escritura que es paralela a la misma idea de amar a otros como ya nos amamos a nosotros mismos es el de Lucas 6:31-35, que comienza con “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. Evidentemente, Jesús asume que sus oyentes quieren ser tratados con justicia, bondad y misericordia. En otras palabras, querían ser tratados de acuerdo a las expresiones de amor más que por expresiones de indiferencia o animosidad. Jesús pasa luego a aclarar esta clase de amor que contrasta con el amor dado por los pecadores. Él dice: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. … Amad, pues a vuestros enemigos….”
El tipo de amor que Jesús enfatizó era la acción-orientada, y era de esa clase que es desinteresada y no es motivado por obtener rendimientos. Puesto que es natural que la gente preste atención a sus propias necesidades y deseos, Jesús volvió su atención más allá de sí mismos.
Esa clase de amor por los demás es lo primero del amor de Dios, y sólo entonces, respondiendo en el amor incondicional hacia El (con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza). Y, no podemos hacerlo a menos que lo conozcamos a través de Su Hijo. La Biblia dice: “Nosotros le amamos porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19). No podemos amar verdaderamente (ágapao,amor orientada a la acción) a Dios sin conocer primero Su amor por gracia, y no podemos amar verdaderamente al prójimo como a uno mismo sin amar a Dios primero. Creemos que la posición bíblica adecuada para un cristiano no es fomentar, justificar o establecer el amor propio, sino de dedicar la vida a amar a Dios y amar al prójimo como [uno ya se ama] al yo.
por Martin y Deidre Bobgan *
Toma control en las pequeñas cosas
"Y Daniel propuso en su corazón..."
Daniel 1:8 (Reina-Valera 1960)
Daniel fue una víctima de circunstancias mucho más allá de su control. El rey Nabucodonosor había conquistado su tierra natal y lo había llevado al exilio en Babilonia. Había perdido su libertad, su casa, su cultura, sus amigos, y su status como miembro de la nobleza de Israel. Tuvo que aprender a hablar una idioma extraño y vivir en un lugar en el cual nunca había querido vivir.
Si tú hubieras sido Daniel, no habrías estado tentado de enfocarte en las cosas fuera de tu control, como por ejemplo quejarte sobre lo mal líder que era Nabucodonosor, en culpar al exilio por tu infelicidad, y en sentir lástima de ti mismo?
Pero eso no fue lo que hizo Daniel. El propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey (Daniel 1:8)
El pasó tiempo pensando sobre lo que valoraba profundamente y decidió honrar a Dios, viviendo según sus mandamientos y de acuerdo a sus convicciones -- aún en las pequeñas cosas!
2 enseñanzas podemos sacar de esto:
1) Muchas veces pensamos que adorar a Dios se trata de música. Pero la verdadera adoración a Dios es honrarlo con tu vida, con todo lo que haces, aún las cosas más pequeñas.
2) Las pequeñas batallas nos entrenan para ganar las grandes batallas.
Si Daniel no hubiera actuado en esto desde el principio, nunca hubiera aprendido a decir "no" a la adoración idólatra. Por esto, Daniel fue capaz de enfrentar el pozo de los leones sin miedo o culpa.
Quizás no puedes hacer nada hoy sobre la casa en la que vives o el trabajo en el que pasas tus días, pero puedes cambiar tu vida al tomar autoridad sobre las pequeñas cosas que conforman tu carácter. Quizás, como Daniel, puedes decidir sobre lo que comes, o lo que le das de comer a tus ojos, o lo que sale de tu boca.
Daniel 1:8 (Reina-Valera 1960)
Daniel fue una víctima de circunstancias mucho más allá de su control. El rey Nabucodonosor había conquistado su tierra natal y lo había llevado al exilio en Babilonia. Había perdido su libertad, su casa, su cultura, sus amigos, y su status como miembro de la nobleza de Israel. Tuvo que aprender a hablar una idioma extraño y vivir en un lugar en el cual nunca había querido vivir.
Si tú hubieras sido Daniel, no habrías estado tentado de enfocarte en las cosas fuera de tu control, como por ejemplo quejarte sobre lo mal líder que era Nabucodonosor, en culpar al exilio por tu infelicidad, y en sentir lástima de ti mismo?
Pero eso no fue lo que hizo Daniel. El propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey (Daniel 1:8)
El pasó tiempo pensando sobre lo que valoraba profundamente y decidió honrar a Dios, viviendo según sus mandamientos y de acuerdo a sus convicciones -- aún en las pequeñas cosas!
2 enseñanzas podemos sacar de esto:
1) Muchas veces pensamos que adorar a Dios se trata de música. Pero la verdadera adoración a Dios es honrarlo con tu vida, con todo lo que haces, aún las cosas más pequeñas.
2) Las pequeñas batallas nos entrenan para ganar las grandes batallas.
Si Daniel no hubiera actuado en esto desde el principio, nunca hubiera aprendido a decir "no" a la adoración idólatra. Por esto, Daniel fue capaz de enfrentar el pozo de los leones sin miedo o culpa.
Quizás no puedes hacer nada hoy sobre la casa en la que vives o el trabajo en el que pasas tus días, pero puedes cambiar tu vida al tomar autoridad sobre las pequeñas cosas que conforman tu carácter. Quizás, como Daniel, puedes decidir sobre lo que comes, o lo que le das de comer a tus ojos, o lo que sale de tu boca.
Hoy puedes negarte a que el humor de tu jefe o tus familiares tenga el poder para dictar tu propio humor basado en como te tratan. Puedes dejar todas las cargas a los pies de Jesús, y llevar su yugo que es fácil, y su carga que es ligera. Como Daniel, puedes elegir.
Cuando te propones en tu corazón honrar a Dios, el te bendice y se involucra en tu vida en formas en las que nunca pensaste.
Que tengas un buen resto de la semana.
Felipe, María y Juan
jueves 8 de julio de 2010
Mis Planes o los de Dios?
LA PRUEBA DE MIS INTERESES
Tan pronto comienzas a vivir la vida de fe en Dios, se abrirán delante de ti posibilidades fascinantes y gratificantes, las cuales son tuyas por derecho propio. Pero si estás viviendo la vida de fe, ejercitarás tu derecho a renunciar a tus derechos y dejarás que Dios elija por ti. A veces Él permite que entres a un lugar de prueba, donde lo correcto sería que tomaras en cuenta tu bienestar personal, si no vivieras la vida de fe. Pero si la estás viviendo, renunciarás con gozo a tus derechos y dejarás que Dios escoja por ti. Esta es la disciplina que Él usa para transformar lo natural en espiritual, por medio de la obediencia a su voz.
Siempre que mis derechos se convierten en la guía de mi vida, la percepción espiritual se adormece. El más grande enemigo de la vida de fe en Dios no es el pecado, sino las buenas elecciones que no son las mejores. Lo bueno siempre es enemigo de lo mejor. Al leer el pasaje de Génesis, parecería que lo más sabio de este mundo era que Abraham escogiera, pues era su derecho. Y la gente a su alrededor lo habría considerado un tonto por no hacerlo.
Muchos de nosotros nos estancamos espiritualmente porque preferimos elegir sobre la base de nuestros derechos, en lugar de confiar en la elección de Dios para nosotros. Debemos aprender a caminar de acuerdo con la norma de poner la mirada en Dios, y Él nos dice, como le dijo a Abram: “…Anda delante de mí…” (Génesis 17: 1).
Tomado de En pos de los Supremo de Oswald Chambers
Tan pronto comienzas a vivir la vida de fe en Dios, se abrirán delante de ti posibilidades fascinantes y gratificantes, las cuales son tuyas por derecho propio. Pero si estás viviendo la vida de fe, ejercitarás tu derecho a renunciar a tus derechos y dejarás que Dios elija por ti. A veces Él permite que entres a un lugar de prueba, donde lo correcto sería que tomaras en cuenta tu bienestar personal, si no vivieras la vida de fe. Pero si la estás viviendo, renunciarás con gozo a tus derechos y dejarás que Dios escoja por ti. Esta es la disciplina que Él usa para transformar lo natural en espiritual, por medio de la obediencia a su voz.
Siempre que mis derechos se convierten en la guía de mi vida, la percepción espiritual se adormece. El más grande enemigo de la vida de fe en Dios no es el pecado, sino las buenas elecciones que no son las mejores. Lo bueno siempre es enemigo de lo mejor. Al leer el pasaje de Génesis, parecería que lo más sabio de este mundo era que Abraham escogiera, pues era su derecho. Y la gente a su alrededor lo habría considerado un tonto por no hacerlo.
Muchos de nosotros nos estancamos espiritualmente porque preferimos elegir sobre la base de nuestros derechos, en lugar de confiar en la elección de Dios para nosotros. Debemos aprender a caminar de acuerdo con la norma de poner la mirada en Dios, y Él nos dice, como le dijo a Abram: “…Anda delante de mí…” (Génesis 17: 1).
Tomado de En pos de los Supremo de Oswald Chambers
martes 6 de julio de 2010
DIOS ESTÁ A PUNTO DE HACER ALGO NUEVO Y GLORIOSO
Por David Wilkerson
"Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones" (Ezequiel 20:14).
Dios está a punto de hacer algo nuevo y glorioso. Este asunto nuevo va más allá del avivamiento, más allá de un despertar. Es una obra de Dios que sólo Él comienza cuando no puede soportar más la contaminación de su santo nombre. Llega el momento en el que Dios determina que Su Palabra ha sido tan sumergida en el fango, y las abominaciones han contaminado tanto a lo que se llama "iglesia", que Él debe levantarse y defender Su nombre frente a un mundo perdido.
"Por causa de su propio nombre", Dios va a hacer dos obras poderosas. Primero, Él va a purgar a las naciones y a Su iglesia con asombrosos juicios de redención. Va a detener la invasión a Su casa, de homosexuales y charlatanes; y purificará y limpiará el ministerio, para levantar pastores según Su corazón.
Segundo, Dios va glorificar su santo nombre con una gran intervención de misericordia. En medio de juicios cumpliéndose, Dios salvará dicho día a través del "tornarse" sobrenaturalmente a Dios mismo de un remanente. Lo que hizo por Israel, cuando estaban siendo juzgados, lo hará otra vez en los días venideros.
Puede leerlo todo en Ezequiel 36:21-38. En resumen, esto es lo que fue profetizado: "Tendré dolor de mi santo nombre que ha sido profanado entre los impíos…no por causa de ustedes, sino por causa de mi propio nombre. Los impíos deben saber que Yo soy Dios. Esparciré agua limpia sobre ustedes y serán limpios de su inmundicia. Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Haré que anden en mis caminos. Los salvaré de toda suciedad. No por causa de ustedes hago esto, sino por causa de mi propio nombre".
"Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado… Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor" (Ezequiel 20:22,44).
"Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones" (Ezequiel 20:14).
Dios está a punto de hacer algo nuevo y glorioso. Este asunto nuevo va más allá del avivamiento, más allá de un despertar. Es una obra de Dios que sólo Él comienza cuando no puede soportar más la contaminación de su santo nombre. Llega el momento en el que Dios determina que Su Palabra ha sido tan sumergida en el fango, y las abominaciones han contaminado tanto a lo que se llama "iglesia", que Él debe levantarse y defender Su nombre frente a un mundo perdido.
"Por causa de su propio nombre", Dios va a hacer dos obras poderosas. Primero, Él va a purgar a las naciones y a Su iglesia con asombrosos juicios de redención. Va a detener la invasión a Su casa, de homosexuales y charlatanes; y purificará y limpiará el ministerio, para levantar pastores según Su corazón.
Segundo, Dios va glorificar su santo nombre con una gran intervención de misericordia. En medio de juicios cumpliéndose, Dios salvará dicho día a través del "tornarse" sobrenaturalmente a Dios mismo de un remanente. Lo que hizo por Israel, cuando estaban siendo juzgados, lo hará otra vez en los días venideros.
Puede leerlo todo en Ezequiel 36:21-38. En resumen, esto es lo que fue profetizado: "Tendré dolor de mi santo nombre que ha sido profanado entre los impíos…no por causa de ustedes, sino por causa de mi propio nombre. Los impíos deben saber que Yo soy Dios. Esparciré agua limpia sobre ustedes y serán limpios de su inmundicia. Les daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Haré que anden en mis caminos. Los salvaré de toda suciedad. No por causa de ustedes hago esto, sino por causa de mi propio nombre".
"Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado… Y sabréis que yo soy Jehová, cuando haga con vosotros por amor de mi nombre, no según vuestros caminos malos ni según vuestras perversas obras, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor" (Ezequiel 20:22,44).
viernes 2 de julio de 2010
Qué es un Sacrificio Vivo? Por J. Mac Arthur
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable á Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:1-2”
Analicemos estos versiculos de atrás para adelante. El Objetivo de esos mandatos es “para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. En otras palabras, el asunto es llevar una vida que sea agradable a Dios, que esté en el centro de su voluntad.
¿Cómo se hace esto? Siendo “transformado por medio de la renovación de su entendimiento”. Se encuentra en principio a los largo de las Escrituras. La transformación ocurre cuando el Espíritu Santo cambia nuestra manera de pensar mientras meditamos en la Palabra de Dios. Al arraigarse la palabra en su corazón, ella moldea su manera de pensar y se renueva su mente. Soy afortunado de poder dedicar mucho tiempo a la Palabra de Dios en mi llamamiento de maestro y predicador. Mi mente se renueva cada semana de mi vida y eso da fruto en una bíblica manera de pensar. Es una experiencia transformadora permitir que la palabra de Cristo habite abundantemente en mi (Col. 3:16). Si desea llevar una vida que esté en el centro de la voluntad de Dios, una vida que sea aceptable para Él, entonces tiene que permitir que su mente se renueve continuamente por el poder transformador de la verdad bíblica.
Eso implica el impedir que se conforme a este mundo. Aquí “el mundo” no es la misma palabra que tenemos en Primera de Juan. Aquí es literalmente “la época”, el eon. Se refiere al espíritu de esta época. No permita el ser presionado a pensar y a actuar de la misma forma en que lo hace la época actual. No permita que la cultura sea quien rija sus pensamientos y sus valores. El primer siglo tenía sus formas paganas y seculares de pensar y actuar, al igual que las tiene el siglo XXI. Pablo dice que, como cristianos, no debemos dejar que nos moldeen los pensamientos y la conducta del mundo.
La clave de todo eso es presentar nuestro cuerpo a Dios; no solo el cuerpo físico, sino todo nuestro ser. Debemos ofrecernos como sacrificios vivos, rendir nuestra vida. Como hemos visto, eso es lo que exige cuando nos dice que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos nuestra cruz. Morimos a fin de vivir.
Estamos acostumbrados a pensar en los sacrificios del Antiguo Testamento como algo vinculado con la muerte. Se mataban los animales antes de ser puestos sobre el altar para ser quemados. Esos sacrificios tenían que ser santos y aceptables a Dios y eran un acto de adoración. Pablo dice que usted debe pensar en sí mismo como ese tipo de sacrificio. Súbase al altar y ofrézcase a Dios. Muchas veces se que dice que el problema con los sacrificios vivos es que siguen moviéndose para salir del altar. Usted tiene que decidir ser un sacrificio vivo que se disponga a permanecer sobre el altar, no matándose de una vez por todas sino cada día, optando por vivir no para usted sino para Dios.
Analicemos estos versiculos de atrás para adelante. El Objetivo de esos mandatos es “para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. En otras palabras, el asunto es llevar una vida que sea agradable a Dios, que esté en el centro de su voluntad.
¿Cómo se hace esto? Siendo “transformado por medio de la renovación de su entendimiento”. Se encuentra en principio a los largo de las Escrituras. La transformación ocurre cuando el Espíritu Santo cambia nuestra manera de pensar mientras meditamos en la Palabra de Dios. Al arraigarse la palabra en su corazón, ella moldea su manera de pensar y se renueva su mente. Soy afortunado de poder dedicar mucho tiempo a la Palabra de Dios en mi llamamiento de maestro y predicador. Mi mente se renueva cada semana de mi vida y eso da fruto en una bíblica manera de pensar. Es una experiencia transformadora permitir que la palabra de Cristo habite abundantemente en mi (Col. 3:16). Si desea llevar una vida que esté en el centro de la voluntad de Dios, una vida que sea aceptable para Él, entonces tiene que permitir que su mente se renueve continuamente por el poder transformador de la verdad bíblica.
Eso implica el impedir que se conforme a este mundo. Aquí “el mundo” no es la misma palabra que tenemos en Primera de Juan. Aquí es literalmente “la época”, el eon. Se refiere al espíritu de esta época. No permita el ser presionado a pensar y a actuar de la misma forma en que lo hace la época actual. No permita que la cultura sea quien rija sus pensamientos y sus valores. El primer siglo tenía sus formas paganas y seculares de pensar y actuar, al igual que las tiene el siglo XXI. Pablo dice que, como cristianos, no debemos dejar que nos moldeen los pensamientos y la conducta del mundo.
La clave de todo eso es presentar nuestro cuerpo a Dios; no solo el cuerpo físico, sino todo nuestro ser. Debemos ofrecernos como sacrificios vivos, rendir nuestra vida. Como hemos visto, eso es lo que exige cuando nos dice que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos nuestra cruz. Morimos a fin de vivir.
Estamos acostumbrados a pensar en los sacrificios del Antiguo Testamento como algo vinculado con la muerte. Se mataban los animales antes de ser puestos sobre el altar para ser quemados. Esos sacrificios tenían que ser santos y aceptables a Dios y eran un acto de adoración. Pablo dice que usted debe pensar en sí mismo como ese tipo de sacrificio. Súbase al altar y ofrézcase a Dios. Muchas veces se que dice que el problema con los sacrificios vivos es que siguen moviéndose para salir del altar. Usted tiene que decidir ser un sacrificio vivo que se disponga a permanecer sobre el altar, no matándose de una vez por todas sino cada día, optando por vivir no para usted sino para Dios.
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